Observe un
billete de 10 dólares y verá el rostro de Alexander Hamilton en el
frente. Por el mérito de sus logros, Hamilton debería ser uno de nuestros
mayores héroes nacionales. Considere su contribución a América:
• Héroe
revolucionario de la guerra
• Jefe de Personal de George Washington a la edad de 22 años
• Primer Secretario del Tesoro de América
• Co-autor de los Documentos Federalistas
• Creador la Guardia Costera
• Diseñador del sistema bancario y financiero de la nación
• Arquitecto de un sistema de recaudo fiscal para lograr ingresos para el
Gobierno de Estados Unidos
• Constructor de la infraestructura de la economía industrial
Sin
embargo, a pesar de demostrar el mayor conjunto de conocimiento legal,
político y financiero de los padres de la nación, Hamilton no se sitúa
entre los más grandes héroes de la historia de nuestro país. ¿Por
qué?
Orgullo.
Su presunción y su inhabilidad de tomar un insulto provocó el
distanciamiento de aquellos que estaban a su alrededor y saboteó su
carrera. Su ego literalmente lo mató. Demasiado vano para enmendar las
diferencias con su compañero en la política, Aaron Burr, Hamilton recibió
un disparo y murió en un duelo con Burr a la edad de 49 años.
Antes de
profundizar en esta lección, me gustaría dar crédito a mi amigo Dave
Anderson, fundador de LearntoLead.com. Muchos de sus pensamientos
resuenan a lo largo de esta reseña.
Estoy de
acuerdo con Dave cuando sugiere que el orgullo es el principal culpable de
la ineficacia gerencial.
“Hay
muchas razones por las cuales los gerentes fracasan. Para algunos, la
organización crece más que ellos. Otros no cambian con los tiempos.
Algunos se sobre extienden y trabajan arduamente y por muchas horas pero
no inteligentemente. Muchos abandonan las prioridades y disciplinas que
una vez los hicieron grandiosos y nunca regresan a ellas. Otros hacen
elecciones que muestran un carácter pobre, pero todas estas causas que
provocan el fracaso gerencial tienen una raíz en común: el orgullo. En
los términos más simples, el orgullo es devastador. No estoy hablando
acerca del orgullo que una persona siente por su trabajo o sus logros.
Hablo acerca del orgullo que infla nuestro sentido de autovaloración y
distorsiona su perspectiva de la realidad”. Dave Anderson.
Hay dos
clases de orgullo, ambos bueno y malo. El “buen orgullo” representa
nuestra dignidad y respeto por nosotros mismos. El “orgullo malo” es el
pecado mortal de superioridad que hiede a presunción y arrogancia. Cuando
su interior esta lleno de este orgullo, usted se convierte en alguien
terco, inflexible, y que crea conflictos con los demás.
Los Problemas
del Orgullo
1. El orgullo no nos permite construir un equipo
Los
líderes orgullosos fácilmente contraen el “Síndrome de Superman” y
devalúan los beneficios del trabajo en equipo. Confían en su propia
habilidad para resolver problemas y avanzar dentro de la organización.
Cegados por su egocentrismo, los líderes arrogantes son incapaces de
apreciar las fortalezas de otros.
2. El orgullo no nos permite aprender
Los
líderes que están convencidos que lo saben todo no se preocupan por su
crecimiento personal. Su ego los convence de que ya alcanzaron la meta y
ya no buscan lecciones de vida en las personas y circunstancias que los
rodean.
3. El orgullo cierra nuestra mente a la retroalimentación
El
orgullo nos hace sordos a los consejos y a las advertencias de quienes nos
rodean. Como Stephen Covey dijo una vez, “Se requiere humildad para
buscar retroalimentación. Se requiere sabiduría para entenderla,
analizarla y actuar apropiadamente”. Sin humildad, la única opinión que
nos interesa es una sola – la nuestra.
4. El orgullo no nos permite admitir nuestros errores
El
Duque de Wellington en una ocasión se dirigió altaneramente a uno de sus
oficiales, “Dios sabe que tengo muchos defectos, pero estar equivocado no
es uno de ellos”. El orgullo no acepta el fracaso. El líder egoísta
culpa a otros por los errores, los justifica como inevitables o se rehúsa
a reconocerlos.
5.
El orgullo no
nos permite hacer cambios
El
orgullo será la causa de que los líderes prometan lealtad al status quo en
lugar de abrirse al cambio; especialmente si el cambio altera el sistema
que ellos construyeron. Ya que los líderes sienten una inversión
emocional en su propio trabajo, justificarán la forma en que viven con
sistemas que ya no funcionan antes que admitir un cambio.
6. El orgullo fomenta elecciones pobres de carácter
Debido a
la arrogancia, la ignorancia o un poco de las dos, los líderes comienzan a
tomar atajos que comprometen sus valores. En su vanidad, ellos piensan
que están por encima de las reglas o que son demasiado listos para ser
atrapados.
Como
seres humanos con defectos, caemos en la trampa del orgullo de vez en
cuando. Sin embargo, si fallamos en reconocer el error del orgullo y no
cambiamos el curso, este condenará nuestro liderazgo. El orgullo es un
defecto de carácter fatal y los líderes que dejan legados tienen su
carácter en el tacto. Los líderes que fallan en eliminar su orgullo se
encontrarán con su final. No es una suposición, es una garantía. Con
orgullo, no es asunto de “si” fallamos, si no “cuando”.
No hay excepciones.
7. El orgullo no nos permite alcanzar nuestro potencial
Para que
los líderes alcancen su potencial total, deben estar concientes de las
áreas que pueden mejorar. Desafortunadamente, el orgullo bloquea una auto
evaluación honesta y previene a los líderes de encontrar el camino hacia
un mejor desempeño.
8. El orgullo destruye las relaciones
Lo
opuesto a amar a los demás no es odiarlos si no más bien obsesionarse con
uno mismo. Cuando nos convertimos en seres ensimismados, no nos
permitimos disfrutar las relaciones que tenemos en nuestra vida. Lo que
yo llamo “El principio de la celebración” dice que la verdadera prueba de
las relaciones no es qué tan leales somos cuando nuestros amigos fracasan
si no cuanto nos emocionamos cuando ellos triunfan. Si no podemos
emocionarnos con los logros de nuestros amigos, es mejor que hagamos una
búsqueda profunda en nuestra alma.
9. El orgullo distorsiona su perspectiva de la realidad
Ver la
vida constantemente a través del lente de la ambición egoísta le da color
a la visión del líder. Muchos problemas en los negocios son causados
porque el ego interfiere con el juicio. Las elecciones que deberían ser
claras para un líder se nublan por una obsesión de auto progreso.
Cómo corregir el problema del Orgullo
1. Reconozca su orgullo
“If anyone would like
to acquire humility, I can, I think, tell him the first step. The first
step is to realize that one is proud. And a biggish step, too. At least,
nothing whatever can be done before it. If you think you are not
conceited, you are very conceited indeed.”
“Si
alguien quisiera adquirir humildad, yo puedo, creo, decirle el primer paso
para lograrlo. El primer paso es darse cuenta que uno es orgulloso. Es
un paso muy grande, también. Al menos, nada puede hacerse antes de esto.
Si usted cree que no es presuntuoso, indudablemente usted es muy
presuntuoso. ~ C. S. Lewis
2. Admita su orgullo
“Posiblemente no hay ninguna otra pasión natural más difícil de dominar
que el orgullo. Puede golpearlo, reprimirlo, mortificarlo tanto como
desee, y sin embargo continuará con vida. Aún si yo pudiera concebir que
lo he superado completamente, probablemente estaría orgulloso de mi
humildad.
~ Benjamin Franklin
3.
Exprese su
gratitud
Un
hombre orgulloso es rara vez un hombre agradecido, porque el nunca piensa
que recibe tanto como se merece. ~ Henry Ward Beecher
4. Diga sus oraciones
“Señor,
cuando esté equivocado, dame la voluntad de cambiar, y cuando tenga razón,
haz que sea fácil vivir conmigo.”
~ Anónimo
5. Practique servir a los demás
El
destino más alto de un individuo es servir más que gobernar.
~ Albert Einstein
6. Aprenda a reírse de si mismo
“Benditos los que se ríen de sí mismos, pues nunca cesarán de estar
entretenidos.”
~ Proverbio Chino